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Las citas son una manera de repetir erróneamente las palabras de otro.
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El día que nació Miguel nevaba. Esto no tiene demasiada importancia pero a él le gusta ese detalle. Empezó dibujando. No lo debía hacer tan mal porque más de una chica le invitó a su cumpleaños. Cumpleaños de esos a los que sólo invitan al chaval guapo que juega en un equipo de fútbol, al chaval guapo simpático y al que dibuja bien. Luego vinieron las películas. Algunas eran de terror, pero a Miguel no le asustaban especialmente. Podría decirse que le fascinaban. Varios años después, mientras estaba viendo una de estas películas pensó: “Bah. Yo puedo escribir una historia así”. Más tarde se dio cuenta de que no era tan fácil. Algo más tarde se dio cuenta de que no era tan fácil, pero que él podía escribir una historia así, después de todo. A raíz de un test  que dejó bien claro que Miguel quería ser una estrella de rock, un día tuvo una charla con el psicólogo de su colegio y le dijo que era un adicto a las imágenes. No entendió muy bien a qué se refería, pero le gustó el concepto. Todavía hoy sigue preguntándose hasta qué punto bromeaba aquel buen señor. Sería por aquel entonces cuando empezó con lo de escribir. Generalmente cuentos absurdos, poemas dadaístas y relatos protagonizados por tipos sometidos a los mandatos de las cucarachas que vivían en su jardín y con los que intentaba emular a Poe. Miguel ya escribía, sentía bastante interés por las películas, leía a Kafka y libros de Elige tu propia aventura y escuchaba música como un loco. Eran los tiempos dorados del videoclip. Dibujaba mucho menos y seguía dándole vueltas a eso de la adicción a las imágenes. Al final se compró una cámara de fotos. Luego vino la universidad. Miguel había pasado demasiado tiempo leyendo, escuchando música y recorriendo los bares del casco viejo de su ciudad, así que no pudo matricularse en Comunicación Audiovisual. Si al menos hubiera invertido más tiempo en dibujar, ahora podría ser diseñador gráfico, como su hermano. Como su hermano, se matriculó en Humanidades y pensó: “cuando termine esto, haré algún curso de guión y seré guionista”. Y eso fue exactamente lo que hizo. Sólo que, cuando acabó el curso de guión, seguía sin ser guionista. Así que tuvo que emplearse en una serie de trabajos más o menos raros que le venían bien para escribir sus historias. Justo entonces se topó con esto de Gidoi Faktoria. Entonces lo que pensó fue: “Si la cosa sale bien, estupendo. Si no, siempre puedo volver a los trabajos raros, ahorrar un poco y hacer otro curso de guión.” Y en ésas está.